María del Mar Monsalve
Escrito para el Boletín de Suiza Lab
Vivimos rodeados de
contaminación. En promedio, las personas en edad laboral pasamos 35% del día en
las oficinas y 10% movilizándonos. Es decir, casi la mitad de nuestras vidas
está expuesta a un alto índice de bacterias y suciedad que compartimos con los
miles de personas que hacen uso de cosas comunes como los microbuses, barandas,
picaportes o puertas con jale y empuje, cajeros electrónicos, carritos de
compras en supermercados, etc. Adicionalmente, en las oficinas compartimos
teclado y mouse de computadora, sillas, lapiceros, entre otras herramientas de
trabajo. Todo altamente inseguro.
El riesgo aumenta
cuando tenemos alimentos alrededor. Es típico tener una fruta, maní, galletas
entre otras comidas junto a la laptop, por ejemplo. Pero, ¿Cuántos de nosotros
nos lavamos las manos entre el uso de la computadora y la comida?
Cuando de comer se trata y el hambre
es voraz, no hay asepsia que valga. En la calle podemos comer todo lo que
veamos. Inclusive, los lugares en los que usualmente comemos se utilizan pinzas
de pan, condimenteros y salseros entre otros objetos sucios. Ahora, ¿Crees que
esa rodajita de naranja en el vaso de vodka está 100% comestible?
¿Estamos
seguros en casa?
La respuesta más común podría ser sí.
Sin embargo, aunque se limpien y desinfecten constantemente los objetos, basta
con traer los zapatos socios, poner la cartera, el control remoto, las llaves o
el celular en la cama o mesa del comedor para contaminar todo. El no lavarse
las manos antes y después de utilizar el baño es también una muy mala costumbre
que podría afectar a todos los miembros de la casa por más limpio que parezca
el hogar. Incluso el interruptor de luz y el timbre contiene gran cantidad de
bacterias.

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